Selah

7 de septiembre de 2026 · Salmo 37

Calla a Jehová, y espera en él: no te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades.

Salmo 37:7 (Reina-Valera 1909)

La grúa de al lado

Esta primavera levantaron una grúa en el solar de al lado. Desde mi escritorio la veo girar y encajar acero, piso tras piso, mientras mi propio trabajo sigue sobre la mesa con la misma cara que ayer. Nadie te enseña la aritmética de esa sensación, pero la conoces: su avance, contado contra tu quietud, siempre sale como pérdida tuya.

El Salmo 37 es un poema viejo para gente que hace esa cuenta. Su consejo suena pasivo: calla, espera, no te alteres. Pero el salmista no está siendo cortés con la envidia. Está siendo práctico. No te alteres, insiste una línea después, que eso solo lleva a hacer lo malo. Alterarse es construir el edificio del otro en tu cabeza, ladrillo imaginado sobre ladrillo imaginado. Le metes energía real. Cosechas escombros.

Esperar con paciencia no es no hacer nada. La imagen del salmo es tierra de labranza, no silueta de rascacielos: habita la tierra, trabájala, vive de lo que da. Las torres se levantan en meses. Los campos tardan años, y dan de comer. No hace falta creer en Dios para correr el experimento. Deja de mirar la grúa una semana. Atiende tu propia parcela. Fíjate en lo que crece cuando tus ojos se quedan en casa.

Una pregunta

¿Contra el avance de quién te mediste hoy?

Una oración

Si eres de los que saben esperar, préstame un poco, que ya me cansé de llevar la cuenta.