Selah

8 de septiembre de 2026 · Salmo 4

Conversad en vuestro corazón sobre vuestra cama, y desistid. (Selah.) En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me harás estar confiado.

Salmo 4:4, 8 (Reina-Valera 1909)

Cierra la tapa

Cuarenta pestañas abiertas, tres borradores sin enviar, una discusión que sigue zumbando — y cada noche cierras la tapa del portátil de todos modos. No cierras nada. Solo paras. La máquina lo sostiene todo en la oscuridad, y de algún modo eso está permitido.

Quien escribió el Salmo 4 estaba pasando una mala noche. Corrían mentiras sobre él, y el ánimo alrededor estaba agrio: ¿quién nos mostrará el bien? Nada en el salmo se arregla. No llega ninguna disculpa, ningún veredicto limpia su nombre. En cambio hace lo último que permite la lógica de la crisis. Se acuesta. A propósito, en plena crisis. Su seguridad, dice, no viene de quedarse despierto a gestionarla.

Puedes leer eso como fe o como cordura; en ambos casos se puede probar esta noche. Lo inacabado seguirá inacabado a las siete de la mañana, lo vigiles o no. Dormir es admitir, cada noche, que el mundo funciona sin tu supervisión: ocho horas de práctica de no estar al mando. El salmista creía que alguien de fiar hacía la guardia. Tú quizá no estés seguro. Aun así puedes cerrar la tapa.

Una pregunta

¿Qué puede quedarse sin terminar esta noche?

Una oración

No sé si estás ahí, pero voy a dormir como si alguien estuviera.