Selah

6 de septiembre de 2026 · Salmo 121

Alzaré mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro. Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.

Salmo 121:1–2 (Reina-Valera 1909)

Primero mira arriba

Los problemas tienen postura. Barbilla abajo, hombros encogidos, ojos clavados en los quince centímetros frente a tu cara: una pantalla, una factura, el mismo párrafo del mismo pensamiento preocupado. El problema llena todo tu campo de visión porque has hecho tu campo de visión exactamente del tamaño del problema.

El salmista empieza en un lugar raro: no con una respuesta, sino con un movimiento de cuello. Alzaré mis ojos. Y entonces, solo entonces, la pregunta que late debajo: ¿de dónde vendrá mi socorro? El orden es todo el truco. No resuelve las cosas y después mira arriba. Mira arriba, y la pregunta se vuelve posible. Primero la atención. La ayuda entra por una puerta a la que tienes que estar mirando.

No necesitas creer nada para probarlo. Acércate a una ventana. Busca lo más lejano que alcances a ver —una loma, un tejado, el final de la calle— y deja los ojos descansar ahí un minuto. Nota lo que hace la distancia con la mente: las cosas recuperan su tamaño real. El salmista dice que el socorro viene de quien hizo eso que estás mirando. Empieza donde empezó él. Mira arriba antes de preguntar.

Una pregunta

¿Qué es lo más lejano que has mirado hoy?

Una oración

No sé de dónde viene la ayuda, pero igual levanto los ojos.